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domingo, 15 de febrero de 2009

Capítulo 40


-A DIE-

(A contar desde un día determinado)


La nave del Capitán Bronos vagaba perezosamente a la deriva, inmersa en la vasta monstruosidad del espacio, en los límites de los dominios confederados… allí donde sólo los verdaderos héroes pueden afirmar haber yacido; sosegada, inerte, tranquila, perezosa… semidestruida; rodeada de infinitos fragmentos practicamente irreconocibles de varios de los expléndidos cazas confederados que hasta hacía poco tiempo conformaban su especial escuadrón de combate; el último que capitanearía, siempre antes del enfrentamiento con el carguero y aquellos extraños cazas.

Siempre antes de aquel incomprensible desastre.

De echo, una curiosa e inquisitiva mirada no tardaría en apreciar cómo el adolescente cuerpo de la joven Capitán Ando Bronos descansaba ingrávido en el exterior, al lado de lo que posiblemente habría sido la cabina de su obsoleto caza, cerca también de los restos de las dos últimas naves enemigas que había logrado abatir antes de ser alcanzada por un duocañón lateral del Ghurag.

Una vez anulada la líder, el resto de los integrantes del grupo especial confederado no habían sabido oponer la resistencia necesaria como para lograr disponer siquiera de una oportunidad de retirada; indudablemente magníficos pilotos todos ellos, sin un paladín que los guiase se habían convertido en excelentes individualidades que se comprobaron sin embargo superadas por una análoga genialidad de dominio en pilotaje además de una incuestionable superioridad táctica.

De este modo todo acabó rápido; una vez que el Ghurag salió a escena, el destino del grupo confederado acabó por decidirse, y uno tras otro, los Tarklass-V10 fueron cayendo ante todos y cada uno de los embates, tanto del carguero modificado como de los pequeños y extremadamente veloces cazas kristallianos.

Se sigue diciendo en Ugtresa que si no hay nadie que pueda presenciar la caida de un imperio, es que ese imperio no ha caido (frase que se hizo especialmente popular en las revueltas de los darak tres siglos antes, cuando la oligarquía dominante fue destrozada y no se supo hasta ochenta y cuatro años después); pero si un solo espectador puede contarlo, la noticia no tardará en recorrer la mayor de las distancias en el menor de los tiempos.

Leon Svarski había sido el espectador… y habría de ser el narrador de un tremendo desastre.

Otra vez.

De nuevo.

No podía creerlo.

Le resultaba curioso comprobar cómo su mente reaccionaba ante tal situación; casi completamente absorto, su mirada vagaba de fragmento en fragmento sin pensar en nada en concreto pero revisando también casi sin querer toda su trayectoria profesional. No conseguía imaginar cómo había logrado salir con vida de aquel enfrentamiento, pero sobre todo no se veía capacitado para asimilar la idea de ser el único superviviente. Su nave, con la cabina del artillero completamente destrozada y uno de los motores prácticamente inoperativo, se mantenía a la deriva al lado… cerca… de lo poco que quedaba de sus compañeros.

Tendría que regresar a la base secundaria de Kundo pero antes debería informar de lo sucedido; tendría que explicar de nuevo que los integrantes del escuadrón del que formaba parte habían caido en combate, y que también de nuevo él había sobrevivido. Otra vez sería sometido a exámen su informe y… ¿Se le incluiría en un nuevo escuadrón? La idea dejó escapar una nerviosa risa en León. Tal vez ni se le permitiría volver a volar. Era difícil, dadas las circunstancias y su historial reciente, llegar a saber qué comportamiento mostraría la Confederación en un caso como el suyo; incluso, pensaba, era perfectamente posible que se le incluyese en alguna de las reservas de sospechosos de traición a la Confederación… ¿Por qué no? ¿Acaso no sería lógico pensarlo? Regresar de nuevo con vida podía ser considerada demasiada casualidad.

Pero por lo menos esta vez lo había intentado, no como en Kundo…

-Basta. – Dejó escapar cansadamente de sus labios.

Mejor no recordarlo; ya se encargaría la Confederación de conmemorar aquel suceso.

Y sin embargo…

Sin embargo no dejaba de pensar que su situación podía dar por fin un vuelco interesante.

Se encontraba en el sector 64T del espacio limítrofe de la Confederación, prácticamente al lado del portal de desplazamiento por el que habían llegado y justo en el lugar en el que la batalla había tenido lugar. Las comunicaciones, desde el ataque, se habían neutralizado, y a pesar de que se habían restablecido desde el mismo instante en que el carguero había desaparecido, el señalizador de posición de su caza (el cual enviaría de manera continuada indicadores de coordenadas hacia el receptor más cercano ) había resultado seriamente dañado: después de la colisión con los fragmentos de la nave de uno de sus compañeros, el transmisor exterior había dejado de emitir.

León conectó la energía del Tarklass (desconectada en su momento para intentar pasar desapercibido entre los innumerables restos de otras naves) y volvió a comprobar el alcance de los daños mientras intentaba imaginar las lecturas que había recibido la Confederación.

Al momento el caza dejó de vagar a la deriva.

-El escuadrón especial traspasa el portal… – comenzó a susurrar León al tiempo que desprendía la cabina móvil del artillero - …y justo entonces las señales emitidas por todos y cada uno de los cazas desaparecen; como si nos hubiesemos desmaterializado.

La cabina desde la que Desio había abatido los suficientes cazas kristallianos como para merecer más de una medalla se unía en aquel momento a los despojos provocados por la masacre.

-En principio es lógico suponer que no saben que sigo vivo… – Pacientemente esperó el informe de daños y la cantidad de energía de la que todavía podría disponer. - o lo que sea que crean que nos ha sucedido.

¿Qué le ataba a la Confederación?

¿Debería regresar?

El Tarklass informaba de la total inutilidad del segundo motor del total de los tres que poseía el caza, mientras que el habitáculo general se encontraba intacto y las reservas de oxígeno dentro de lo previsto para una misión como aquella. Tendría que calcular la mejor de las rutas posibles ajustándose a la energía restante de su caza, por supuesto, pero la idea con la que en principio había estado jugueteando inocentemente tomaba más fuerza y presencia en sus cada vez más apresurados y caóticos pensamientos.

Abandonar, renunciar, desistir, dimitir, retirarse.

Desertar.

Dejar la Confederación para hacerse ciudadano corporativo (además de no estar permitido por las leyes confederadas) parecía ser la peor idea que alguien podría tener en mente pues ni siquiera estaría bien visto en la Corporación (al menos eso se decía), pero como en toda circunstancia, debería intentar entenderse correctamente el particular contexto: No tenía familia directa (pues era un veradero hijo de la Confederación, aún a pesar de no considerarla su verdadera madre) ni amigos que no pudiese hallar en otros lugares, y la Confederación, con sus compensadores neuronales, estrictas normas de conducta y supuestas libertades no le parecía mejor que cualquier otro sistema de orden que pudiese existir en el universo; no al menos mejor que la Corporación.

Era increíble cómo las cosas se veían de distinta forma cuando los compensadores neuronales no estaban de por medio… ¿Y quién podía asegurar que tal perspectiva no era la correcta? Es decir…

-¿Por qué creer todo lo que afirma la Confederación? – Pensó en alto tensando todos los músculos de su cuerpo.

Tendría que relajarse de inmediato y centrarse en su futuro inmediato.

Conocía sobradamente cuales eran los planetas más importantes de la Corporación y cuales de ellos podrían suponer una entrada discreta en el antiguo régimen dominante, pero si quería llegar hasta territorio corporativo con un caza confederado debería hacerlo realmente bien.

Comenzó a calcular la ruta al tiempo que la imagen de Masato Túndaro llegaba a su mente; tal vez el hermano de Gyo, su amigo, fuese lo único que le podría hacer dudar. Ninguno de sus compañeros habría hecho lo que él mismo estaba a punto de hacer, eso seguro (o no tanto; como se decía por algunos lugares “Nunca digas que este oligoide no es tu padre”), pero posiblemente Gyo comprendiese su decisión; y eso al menos era algo.

De todas formas estaba definitivamente decidido (o empezaba a estarlo), y sería mejor enfrentarse, en el peor de los casos, a una acusación por espionaje en la Corporación que a una posible acusación por traición a la Confederación

Mejor no enfrentarse a nada, claro.

León apartó de su mente cualquier tipo de pensamiento relacionado con sus posteriores acciones a medio plazo, dedicándose exclusivamente a marcar la mejor de las rutas con ayuda de los calculadores del Tarklass; se aseguraría de que la Corporación lo viese llegar de lejos enviando periódicamente una señal identificadora y ateniéndose desde el momento en el que lo interceptasen a todas las órdenes que le fuesen transmitidas desde el mando corporativo encargado.

Al poco la ruta estaba calculada; tendría que atravesar un par de portales de desplazamiento, no cabía otra opción, pero casi con toda seguridad no establecería contacto visual con ninguna nave confederada (demasiada casualidad en tan vasto espacio-tiempo); por otra parte, al haber sido destruido su emisor de identificación automático, los registros que recibirían los departamentos confederados encargados de detallar el uso de los portales describirían vagamente el fugaz paso de una pequeña nave no identificada. No les daría tiempo a nada más.

Lo mejor sería acercarse lo antes posible a alguno de los sectores todavía sin explorar situados en los límites de la Confederación, lejos del espacio de misión del grupo del Capitán Bronos. Tal vez el sector 16B, o el 14F, en todo caso. Tales zonas, aunque en fase de examen confederado y por tanto rondadas por fragatas de reconocimiento, suponían un mejor acercamiento a zona corporativa.

Estaba decidido.

Aproximadamente en un par de días estaría aterrizando en el planeta Goda; el más adecuado; territorio corporativo; actualmente en discordancia con los fundamentos de la confederación; enemigo a ultranza de la ciudadanía confederada; antigua poseedora de todo el universo conocido.

Antes de la gran guerra.

Desde aquel día tendrían un nuevo ciudadano.

domingo, 11 de enero de 2009

Capítulo 36


-Vivire militare est-
(Vivir es luchar)



-¡Derríbalo! ¡¡Vamos!! ¡¡DERRÍBALO!! – León pilotaba impulsiva y frenéticamente el caza intentando deshacerse de dos de aquellas pequeñas y angulosas naves kristallianas, las mismas que habían acabado con la vida de Jameson y Sánchez y sin duda aniquilado el grupo de Szerga en el planeta Zarion. - ¡¡Hazlo ahora!!
-¡Imposible! ¡Necesito que me des posición de tiro! – Desio tenía serios problemas con el sistema de rotación de su cabina desde que habían sido alcanzados por un considerable fragmento de una destrozada nave confederada, y únicamente podía girar sobre la base, pero no rotar alrededor del perímetro del caza en busca de objetivos que alcanzar. - ¡Así no podré darles nunca! ¡¡Céntrate!! ¡¡Dame una sola oportunidad!!
Delante a su izquierda y peligrosamente cerca de su posición, un caza bipersonal confederado que les acompañaba en las cuasi suicidas maniobras evasivas era prácticamente volatilizado, obligando a León a evitar de nuevo varias peligrosas esquirlas metálicas.
La situación era extremadamente seria, y todo había empezado a complicarse desde que el grupo especial de asalto había atravesado el portal de desplazamiento. Como hacía indicar la previamente designada formación de paso, el primero en cruzar había sido el Capitán Bronos, seguido en estricto protocolo de jerarquía por el resto de los cazas según la formación alquiliana veintinueve. Los compensadores de materia del portal confirmaban la posibilidad de paso y la ausencia de espacio ocupado al otro lado. Todo iba bien.
Ante tal rutinaria situación, y continuando el adecuado orden de paso establecido, el caza del piloto León Svarski y el artillero Desio Zandaar atravesó el portal en último lugar, encontrándose de repente en medio de una terrible situación aparentemente abocada a un inminente desastre.
Justo en el instante en que sobrepasaron el límite de salida del portal, vieron cómo una considerablemente eficaz y potente carga corporativa de anulación estallaba silenciosa y poderosamente en uno de los extremos del portal de desplazamiento; la onda expansiva de anulación de sistemas no les había alcanzado por pura y simple suerte, pero cuatro cazas confederados cercanos a su posición se vieron afectados y sufrieron la desconexión inmediata de todos sus sistemas de navegación y transmisión de energía, convirtiéndose entonces en un blanco impecablemente sencillo para cualquiera de las diez naves enemigas.
Un considerable número de los cuarenta cazas del grupo del Capitán Bronos se encontraban en la misma situación, a la deriva en un peligroso espacio cada vez más repleto de restos de naves confederadas.
-¡Lo tengo! ¡¡Lo tengo!! ... ¡Mantén el rumbo, León! … ¡¡Un poco más!!...
Svarski lograba a duras penas mantenerse fuera del alcance de los rapidísimos cazas kristallianos por mucho que el Tarklass-V10 respondiese prácticamente a la perfección; como para facilitarle las cosas a su artillero. Todavía no podía entender cómo el Capitán Bronos podía resistir con su obsoleta nave. De hecho… Si había sido la primera nave en cruzar el portal, lo más seguro es que hubiese recibido la primera y brutal descarga de los anuladores; sus sistemas deberían haberse desconectado. ¿Por qué entonces su casi completamente obsoleto caza se mantenía todavía operativo? ¿Qué tipo de modificaciones tendría integradas como para ser capaz de soportar las descargas de los anuladores?
-¡¿A qué esperas?! ¡¡Desio!! – Tres segundos más y dejaría de concederle la enormemente comprometida oportunidad posicional que el drémone le había pedido. - ¡¡Dispara!! ¡¡DISPARA!!
Antes de que León pudiese terminar de gritar, las continuadas y mortíferas descargas que surgieron del pequeño duocañón del artillero lograron alcanzar de lleno su objetivo.
-¡¡¡IMPACTO!!! ¡¡Uno menos, Svarski!! – Desio no había dejado de gritar en todo momento. - ¡Cuidado con el otro!… ¡¡Nos va a alcanzar!! ¡¡Lanza las contramedidas!! ¡¡¡AHORA!!
Sin duda, el carguero modificado Clase Ghurag que perseguían había dejado algunas cargas de anulación en la salida del portal de desplazamiento y diez cazas kristallianos en las proximidades, ocultos tras la estructura del portal a la espera del escuadrón confederado. Ante tal situación, aproximadamente los diez o doce primeros cazas confederados que atravesaron el portal fueron alcanzados por los anuladores, y unos cinco o seis cazas a mayores que salían del portal en aquellos fatídicos momentos, chocaron con sus inertes e incapacitados compañeros.
Pero el Capitán Ando Bronos, quien desde el mismo inicio de la fatídica emboscada no pudo dar órdenes a sus pilotos debido a un repentino fallo en las comunicaciones de todos los cazas, sí logró desviar la atención de las naves enemigas lo suficiente como para que los cazas confederados que restaban por llegar, lograsen atravesar la puerta apenas sin problemas; salvo el de esquivar a sus propios compañeros, por supuesto.
-¡Contramedidas lanzadas! – Aquel par de reclamos era el último que quedaba en su caza. - ¡¡Agárrate, Desio!!
-¡Es demasiado tarde! ¡¡DEMASIADO TARDE!!
Un apurado León se vio obligado a realizar una arriesgada maniobra evasiva que, con algo más que un poco de suerte, no sólo les permitiría tal vez evitar la segura explosión que se produciría justo a sus espaldas, sino también poder alcanzar una mejor posición de disparo para Desio en caso de que el caza que les perseguía lograse evitar el inminente impacto.
Pero no lo evitó. Otro caza kristalliano destruido.
Sin embargo la explosión los halló tal vez demasiado cerca, provocando apenas unos instantes de nula maniobrabilidad en la nave; en situaciones como aquella se alegraba de no estar pilotando en la superficie de algún planeta.
Tras unos pocos segundos León pudo recuperar el control direccional del caza. Habían sido tocados, rozados por la explosión; sólo podían rezar para que los propulsores no se hubiesen dañado en exceso.
-¡¡Bien hecho!! – El grito de júbilo de Desio fue de lo más esclarecedor, pero de momento el drémone no podía suspirar tranquilo. - Los sensores y las comunicaciones siguen inoperativos; no puedo confirmar el estado de los propulsores. ¿Puedes ver algo?
-Negativo. – Realizó algunas pruebas rutinarias de maniobrabilidad, y aparentemente el Tarklass-V10 seguía respondiendo a la perfección; no notaba pérdida alguna de potencia, y que se pudiese advertir visualmente, al menos desde la cabina, ninguna pieza había saltado del casco de la parte trasera de la nave. – Creo que todo está bien.
¿Qué todo estaba bien? ¿Pero qué estaba diciendo?
Sólo tenía que analizar la situación durante dos escasos segundos como para comprobar que nada estaba bien; en absoluto.
En el fondo todo le parecía una broma absurda y de pésimo gusto. Verse envuelto en aquel contexto de tan desastrosas características sin siquiera haberlo deseado, sin haber nunca realmente pedido ni intentado involucrarse en temas mayores de la Confederación. Simplemente era (así se consideraba, al menos) un muy digno piloto de superficie, allá en Zarión, perteneciente a un buen escuadrón integrado por excelentes compañeros que le tenían en alta estima, y obteniendo por su ocupación como piloto muy buenos ingresos semanales; de hecho tan buenos que muchos trabajadores de cualquier empresa confederada darían lo que fuera por recibir la mitad de la asignación que él tenía marcada como fija; porque además estaban los extras. Cada salida no programada significaban unos ingresos lo suficientemente importantes como para poder plantearse con bastante seguridad adquirir una nueva residencia en un lugar mejor que el anterior.
No meaba créditos, en absoluto, pero vivía tranquila y holgadamente, y aunque casi con toda seguridad cobraría bastante a raiz de su reciente adhesión al grupo del Capitán Bronos, lo que no le gustaba era no poder gastarlo. Si estuviese en Kundo o en Tando, se lo estaría pasando mucho mejor que en aquellos momentos.
Pero de repente en una misión el escuadrón queda destruido, Gyo muere y su hermano me pide que me involucre, pensaba León, y ni siquiera le pregunto cuanto voy a percibir por este trabajo.
¿Le habría parecido mal?
Definitivamente nada estaba bien; en absoluto.
-No… - Respondió al poco tiempo Desio. – Nada está bien; en absoluto.
-¿Cómo dices?...
Desde la cabina del artillero del Tarklass, Desio buscaba ansiosamente con la mirada algún resquicio de información que pudiese mostrarle dónde estaban sus compañeros.
-¿Dónde está el resto del grupo?
León, tras comprobar de nuevo el funcionamiento de los sensores y comunicaciones de la nave, intentó buscar con la mirada lo mismo que desesperadamente Desio quería encontrar, pero al parecer, tras la confrontación con los dos cazas kristallianos se habían alejado sensiblemente de la zona de combate, y en aquellos momentos lo único que podían apreciar era la vasta inmensidad del espacio.
-¡¡No podemos haber llegado tan lejos!! – Desio parecía perder los nervios por momentos. - ¡León, los sensores siguen sin funcionar! ¿Puedes ver algún caza?
No podía. Sólo vislumbraba lejanas estrellas y varios planetas desperdigados a lo largo y ancho de toda aquella terrible inmensidad. Era curioso comprobar cómo el límite de los dominios confederados, sin ser realmente un lugar distinto a cualquier otra zona perteneciente a la Confederación, podía provocar aquella extraña sensación de inquietud.
-Sencillamente no saber qué hay bajo tos pies…
-¿Qué? – Desio continuaba buscando desde el difícil ángulo visual que le permitía la atascada posición de su cabina; en realidad apenas había escuchado las palabras del piloto, y mucho menos les había dado importancia.
En aquellos precisos instantes, León únicamente podía pensar en que no estaba preparado para aquella misión; pensaba en lo diferente que resultaba pilotar una nave en la superficie de un planeta, donde se tenían tantos puntos de referencia, además de una clara y obvia superficie sobre la que volar, por supuesto, con montañas, edificios y miles de coordenadas reales que podían comprobarse en cualquier momento, pero sobre todo y lo más importante, con una básica pero primordial referencia fija e inmutable: uno podía fiarse de que el suelo estaba abajo y el cielo arriba, y cualquier maniobra en el aire estaba instaurada ante tal aspecto.
Pero pilotar en el espacio era sensiblemente distinto: abajo era donde uno quisiese en cada momento, era sencillamente cuestión de costumbre, y por descontado no existía el mismo tipo de referencias a las cuales fijar la navegación visual. Muchos pilotos de superficie (como en realidad lo era León) no acababan de acostumbrarse a ser pilotos de alcance, viéndose completamente incapacitados para desarrollar nunca tal trabajo.
-Calma… - Susurró León. – Necesitas calmarte.
Las palabras que salían de boca de León eran transportadas inmediatamente a través de los sencillos comunicadores internos del caza, y Desio comenzó a prestarles algo más de atención.
-León… ¿Estás bien?
Lo que en realidad necesitaba era concentrarse, pensaba. Para empezar, sospechaba que al encontrarse tan lejos del grupo del Capitán Bronos, y por tanto a bastante distancia de los cazas kristallianos, los sensores y las comunicaciones serían restablecidas (tal y como ya le había sucedido en Zarion), y por tanto volverían a tener coordenadas que comprobar para saber dónde estaba el portal de desplazamiento y dirigirse hacia el; pero sobre todo tenía que intentar acostumbrarse de una vez por todas a pilotar en el espacio si perder los nervios ante eventualidades como aquella; el hecho de no ver los puntos de referencia no significa que no estén en su sitio.
¿Por qué lo habrían escogido para formar parte del grupo?
-Veamos… - Comenzó a susurrar.
Desde donde estaban podía ver un planeta relativamnte cercano y sus dos satélites naturales; a la izquierda, y cada vez más alejados, varios planetas a mayores. Y una gran estrella. Sus compañeros no podrían estar muy lejos, pues creía recordar haber visto los satélites ¿Cómo no se había fijado en las referencias visuales nada más salir del portal? Dirigió al momento el caza lentamente hacia otra posición, rotando con paciencia hasta encontrar la situación que le resultase más cómoda.
-León, suele ser habitual comentar todas las decisiones con el artillero y compañero al cargo. – Comentó el drémone, aliviado lo necesario momentáneamente por disponer de otra ocupación que apartase de su mente lo perdidos que se encontraban. – Dos cabezas piensan mejor que una; a no ser que me convenzas de lo contrario…
-Desio. – Cortó León. - Estoy seguro de que los sensores y las comunicaciones serán restablecidos en breve. – Ojalá no se equivocase. – Pero mientras tanto debemos mantener la calma.
-Claro; por supuesto. La calma. ¿Cómo estás tan seguro de lo que dices?
León se aclaró la garganta, dispuesto a contar lo sucedido con el escuadrón del Capitán Zagarts en la superficie del planeta Zarión, cerca de Tando, y su posterior y fatal encuentro con aquellos angulosos cazas. Dispuesto a relatar de qué manera él y dos de sus compañeros de escuadrón lograron escapar del carquero modificado siguiendo estrictas órdenes del Capitán al mando; Resuelto a narrar cómo se encontraron con las naves kristallianas y sólo el pudo salir con vida.
No era una historia demasiado aconsejable para el momento, recapacitaba, sobre todo teniendo en cuenta que no sabían como se desarrollaba la batalla del Capitán Bronos, ni si esta había ya terminado, o incluso qué bando había vencido; pero así por lo menos ambos podrían despejarse un poco con aquella historia mientras seguían intentando localizar su perdido grupo.
Bueno; en realidad los perdidos eran ellos.
-Fue en Zarión donde…
-¡La puerta! ¡La veo! – Interrumpió de repente Desio. León, algo molesto por la poca atención que se le prestaba (incluso dadas las circunstancias), intentó inmediatamente hacerse cargo de la dirección que señalaba su artillero, y al final lo vio. El portal de desplazamiento comenzaba a apreciarse, apareciendo por detrás de uno de los satélites del planeta más cercano. - ¿Tanto nos hemos alejado?
-Los sensores ya funcionan – Los sistemas de comunicación se mostraron activados. - y tengo en pantalla veintiún cazas confederados activos – el recuento era verdaderamente desastroso -, además de tres inertes. Ninguno enemigo. Parece que todo ha acabado. – Sin prisas, León comenzó a poner rumbo hacia la posición del grupo del Capitán Bronos. – Imagino que en breve se restablecerán las comunicaciones del resto del grupo, y podremos avisarles de nuestro acercamiento.
-León, los sensores… informan de algo más.
Y miró; lentamente dirigió su mirada hacia el monitor, a pesar de sentirse algo aturdido por una especie de corazonada que le gritaba con fuerza que las siguientes serían malas noticias; la pantalla secundaria de perímetro mostraba en efecto una forma de tamaño considerable acercándose hacia el grupo del Capitán Bronos a gran velocidad por la otra cara del planetoide. ¿El Ghurag? Si sus sospechas al respecto se confirmasen, sus compañeros no tendrían la más mínima oportunidad. No los verían llegar. Justo en el momento en que piloto y artillero lo advertían, aparecieron en pantalla siete pequeñas formas a mayores; por el tamaño y la velocidad se trataba de naves de combate, aunque tal vez demasiado pequeñas; como las anteriores. El resto de los cazas kristallianos de los que todavía disponía el carguero modificado Clase Ghurag.
Las comunicaciones con el escuadrón todavía no habían sido restablecidas, y su caza nunca llegaría a tiempo para desbaratar el ataque sorpresa. No podían avisarles de ningún modo.
-Creo que se trata del carguero. – Dijo apesadumbrado León. – Van a terminar lo que empezaron.

lunes, 20 de octubre de 2008

Capítulo 29


-Qualis pater, talis filius-
(Tal padre, tal hijo)
(Segunda parte)



El escuadrón especial de asalto del Capitán Bronos se encontraba a escasos diez minutos del portal de desplazamiento P32d26, y hasta entonces ni León ni cualquier otro de los pilotos o artilleros del grupo había recibido de manera directa orden alguna del Capitan. Simplemente se dedicaba a marcar la posición del escuadrón moviendo su propia nave hacia una posición determinada que los pilotos debían presuponer (o adivinar, en cualquier caso) siguiendo los protocolos de jerarquía del total de los cazas.
Parecía que estuviese jugando a las adivinanzas: me situo en tal posición, por lo que mi segundo se colocará a su derecha y mi tercero a su izquierda inferior a tanta distancia y así sucesivamente (o no), y acababan conformándose con relativa rapidez ciertas formaciones tácticas como prueba de cara a un enfrentamiento directo.
Desio le había dicho que el Capitán no tenía un escuadrón propio, con todo lo que implicaba ser parte de uno: conocer casi a la perfección a aquel que combate a tu lado, saber en quién puedes confiar tal o cual objetivo, quién es mejor en qué tipo de situación, etc. Al no poseer nada de todo aquello, el Capitán se veía obligado a practicar con sus nuevos subalternos sobre la marcha, en el siempre poco tiempo que le concediese cada una de las importantes y decisivas misiones que le eran encargadas.
Tras dos o tres formaciones fallidas poco después de salir del planeta Zarion los pilotos comenzaron a permanecer alerta en todo momento.
Habían despegado de la Base Secundaria de Kundo hacía ya dieciséis horas, y a excepción del tiempo dedicado al descanso gracias a la activación de los sistemas de control automático de los cazas (esto era: dormir una hora de cada cuatro en turnos alternados entre las naves), el resto del tiempo lo habían pasado mejorando el tiempo de reacción reacción en las formaciones con respecto siempre a los a veces caprichosos y aleatorios movimientos de la nave del Capitán.
El caza de Ando Bronos era el único de todo el grupo que no era bipersonal; no se trataba del avanzado Tarklass-V10, sino de un algo obsoleto Soghff20 ligeramente modificado. ¿Otra de las rarezas del Capitán? León así lo creía, y de tal manera comunicó su opinión a Desio.
-No creas.La voz algo metálica del piel roja se había convertido en una agradable compañía. – El caza del Capitán Bronos es mejor de lo que parece.
-Perdona que te lleve la contraria - dijo divertido León. -, pero cualquier nave construida por la empresa Soghff no puede presumir de mucha efectividad.
-Como quieras. Pero el 20 fue su mayor éxito comercial; casi todos los pilotos querían uno. Se conoce en toda la galaxia. No todo lo construido bajo el mandato corporativo es peor que lo que se puede encontrar en la Confederación; mira si no los portales de desplazamiento.
-Pero ese caza es peor.
No había lugar alguno para la discusión sobre aquel punto.Mucho peor.
-Tú lo has dicho.
-Entonces no puedes explicar por qué el capitán pilota uno.
Faltaban siete minutos y treinta y dos segundos para pasar a través del portal de desplazamiento. León preparó los escudos en nivel uno para su inmediata activación.No tienes ni la más remota… ¡Pero qué hace!...León agarró con fuerza los controles de su nave; el caza del Capitán Bronos había reducido sensiblemente la velocidad para acabar situándose en el centro de la ya obsoleta formación de la escuadra, la cual se vio obligada a realizar una maniobra evasiva y cambiar de posición en apenas dos segundos para evitar una segura colisión, configurando esta vez la formación alquiliana número veintinueve que la situación de Bronos hacía intuir.
-¡Está loco!Gritó Svarski. - ¿Pero qué le pasa? - El caza del Capitán se encontraba cerca del suyo. - ¡Casi nos mata!
-Si no me equivoco esta será la formación con la que cruzaremos al otro lado. Céntrate León, los compensadores de materia del Portal están activados; espacio libre al otro lado. Desvía la potencia de los motores hacia el escudo y actívalo.
-¡Si, si, no hace falta que me lo recuerdes!
-De acuerdo. Lo siento. Solo que parecías un poco desquiciado.
¡Aquello era increíble! ¿Desquiciado? ¡El único loco del escuadrón era el Capitán!
-¿Pero cómo se te ocurre? ¡Si casi nos matamos!
-Olvídalo León. Será mejor que dejes de darle vueltas a la cabeza. Bronos trabaja a su modo y nunca ha habido problemas.
-Ya, seguro.
León continuaba preparando el caza según los protocolos indicaban para atravesar el portal. - ¿Pero por qué pilota ese caza?Dijo casi a voz en cuello.
La pregunta de León quedó en el aire; faltaban sólo seis minutos para que el escuadrón franquease el portal por el que, siempre según los informes confederados, había pasado el carguero modificado clase Ghurag hacía apenas cuatro horas. Si el grupo del Capitán Bronos mantenía la velocidad y no había cambios en la ruta ni variación en la velocidad del carguero, lo alcanzarían en hora y media.
De todas formas, el carguero tenía que haber reparado al menos dos (tal vez sólo uno, si fuesen realmente potentes) de sus tres codificadores de ruta destruidos en la batalla con el antiguo escuadrón de Svarski; de lo contrario nunca habría podido atravesar con una mínima seguridad y fiabilidad un portal de desplazamiento, porque cruzar una de aquellas puertas no era precisamente un inocente paseo en deslizador por una tranquila vía de servicio: Para empezar la velocidad de paso debería reducirse hasta, como máximo, 500 Virls, independientemente del tipo de nave que se dispusiese a cruzar; después de reducir la velocidad y tras haber recibido la señal de la activación del compensador de materia del portal, deberían activarse los escudos hasta el nivel uno como mínimo, usando siempre parte de la energía de los motores redireccionada, y nunca la del nódulo central de energía de la nave; los escudos evitarían en gran medida los posibles desperfectos provocados por el enorme shock que suponía a nivel físico un salto espacial como aquel.
Y sobre todo había que tranquilizarse, calmarse y confiar en el codificador de ruta que llevaba incorporado cada caza confederado de largo alcance; era la parte más importante del sistema de viaje espacial, y se encargaría en todo momento de realizar las complicadas operaciones de recálculo continuo de todos los componentes más ínfimos de la nave (ya fuesen orgánicos o inorgánicos) desde las coordenadas de la misma diez minutos antes de su paso por el portal, hasta cinco minutos después de haberlo atravesado.
Siempre existiría la posibilidad (muy poco probable, eso si, pero perfectamente posible) de desaparecer para siempre, así, sin más, del universo conocido. Algunas teorías de infantil corte fanático-religioso proponían un intercambio de materia con otras dimensiones (lo cual significaba para los creyentes que si algo salía de nuestra dimensión, algo nuevo entraba en ella), mientras que otras menos arriesgadas establecían la permanencia de la materia a lo largo y ancho de todo el espacio existente en forma de pura energía. Sin embargo la más aceptada era aquella que aseguraba que toda materia que traspasado el portal de desplazamiento no apareciese en las coordenadas previamente establecidas al salto, quedaba perdida en los confines del universo. Esta teoría, al menos, podía explicar con cierta seguridad el hallazgo de varias naves a lo largo de la historia de la expansión espacial confederada en lugares recientemente explorados o fronterizos con el espacio todavía desconocido: Un carguero que de repente aparecía de la nada, un obsoleto bombardero hallado estrellado en un planeta recien colonizado. No pasaba en absoluto a menudo, pero de vez en cuando…
-León. Un minuto.
-Tenías razón, Desio. Formación veintinueve para el paso.
-¿Cuándo no tengo razón?
Casi podía imaginar la espontánea sonrisa del drémone.
Aquella era otra cuestión a tener en cuenta: Si entraban varias naves en los portales ocupando la misma porción de tiempo, debían tenerse seriamente presentes las distancias existentes entre ellas en el preciso momento de paso, aspecto que en esta ocasión había solucionado el Capitán Bronos de manera impecable: la formación alquiliana veintinueve mantenía unas distancias entre caza perfectamente acordes con los requisitos de los portales; es más: concedían bastante maniobrabilidad a cada nave en caso de prácticamente cualquier tipo de imprevisto.
El portal P32d26 por el que en menos de un minuto habría de pasar el escuadrón especial del Capitán Bronos era de facturación corporativa, y había sido construido muchos años atrás, poco antes del inicio de la gran guerra entre la Corporación y la Confederación. Tras el largo conflicto, la práctica totalidad de los portales había quedado en territorio confederado, y los que no, habían sido completamente destruidos por escuadrones especiales de la Confederación. Se suponía que no había ningún portal en territorio corporativista, pero aunque no fuese así, aunque la Corporación hubiese construido más de ellos, nunca estarían enlazados para poder viajar por territorio confederado.
Desio le había dicho que el portal de destino D26p32 era de construccion plenamente confederada, algo distinto a los corporativos, un poco más grande y anguloso, y se encontraba situado en plena zona fronteriza, en un espacio prácticamente inexplorado. Con toda seguridad más de una nave de reconocimiento (confederada seguramente, pues aquel fragmento de universo se encontraba muy alejado del dominio corporativista) estaba en aquellos precisos instantes recorriendo algún sector en busca de la información necesaria pàra determinar las posibilidades de algún que otro planeta en beneficio de la Confederación: un nuevo mundo descubierto solía significar una nueva fuente de explotación confederada; mejor o peor pero siempre enmascarada, por supuesto, en un océano de pluralidad, benevolencia, respeto y libertad.
Sobre todo si con el planeta venía una raza nueva de regalo.
-Diez segundos, León. Espero que vuelvas a comerte lo que regurgites.
León estaba nervioso. Sólo había utilizado tres veces los portales de desplazamiento (una de las veces en un carguero de ocio, y las dos restantes en sendas lanzaderas confederadas), y nunca con destino al límite de la Confederación. Lo desconocido (o “lo más de lo mismo” como se le llamaba habitualmente al territorio inexplorado) lograba intranquilizarlo (a quién no).
Pero la angustia a corto plazo la sentía en aquel instante por el salto; en un carguero de ocio la sensación era casi inapreciable, pero en un pequeño caza…
De todas formas intentó relajarse; le gustaba pensar que sólo los héroes habían viajado por lo desconocido bajo el impulso de sus propios deseos sin verse fatalmente atraídos por la locura (¿De dónde había sacado aquella frase?)
-¡Cinco segundos para el salto! – Gritó Desio.
-Cuatro…
-Tres…
-Dos…
-Uno…

lunes, 22 de septiembre de 2008

Capítulo 26


-Qualis pater, talis filius-

(Tal padre, tal hijo)

(Primera parte)


>Informe entregado. Fin de conexión.

>...

>05:11 – 13/09/3824. Monitor-comunicador Nº233 / Zona B6 – Complejo habitacional 32 – Sala de descanso 2Q.

>...


No podía recordar nada más, aunque pensaba que la historia estaba en realidad bastante completa, así que había decidido redactar y entregar el informe sin perder más tiempo.

Desconectó los cables de su periférico del monitor-comunicador ubicado en la sala de descanso perteneciente al complejo habitacional en el que se encontraba. Masato le había comunicado que en breve reclamarían su presencia en el hangar principal, por lo que León, aún con sus dudas, ya estaba listo; con dudas, puesto que por muy convencido que hubiese estado cuando le respondió a Masato que se uniría al grupo especial de asalto, reconocía que lo había dicho fuertemente influido por la muerte de Gyokudo… como si se sintiese responsable y con su “casi” voluntariado pudiese honrar su memoria… y el ánimo del agente Tundaro.

Le habían asignado un uniforme especial (algo mejor que los que habitualmente utilizaban los escuadrones de defensa de perímetro) que indicaba en el pecho el código P40, y un periférico totalmente actualizado con su registro de vida, más moderno que el que había sido destruido en su reciente accidente. Todavía estaba familiarizándose con su funcionamiento cuando un pequeño y poco estético droide de limpieza entró en la sala.

¿Por qué querrían que se uniese al grupo?

Se consideraba buen piloto, por supuesto, pero sin duda no tan bueno como para formar parte de un grupo especial donde estarían, con toda probabilidad, los mejores pilotos confederados de (por lo menos) los cinco o seis planetas más cercanos. Además ya había explicado detalladamente en el informe todo lo que había podido recordar en lo que a las tácticas utilizadas por ambas facciones en los enfrentamientos se refería, tanto contra el carguero como contra los extraños cazas, por lo que su presencia en el grupo tenía menos sentido todavía. Y sobre todo, lleno de angustiante vergüenza al recordarlo, había incluido en el informe su reacción con Jameson y el nerviosismo y el miedo que le embargaron en aquellos momentos.

No cabía otra visión de lo sucedido, ¿No? Lo había abandonado a su suerte; a uno de sus compañeros.

Había sido difícil de redactar pero se había sentido obligado a hacerlo; de todas formas no se arrepentía. Que las más altas instancias tomasen las medidas oportunas; le daba exactamente igual.

Imaginaba que recibiría una respuesta negativa en breve; observaría su periférico y leería que se le había excluido del grupo especial de asalto por cuestiones… Bueno, ¿Quien sabe? Dirían cualquier cosa y él se quedaría fuera. Mejor; casi lo prefería así.

Conectó de nuevo su periférico a la datored confederada y comenzó a buscar documentos de lectura para amenizar la espera. La puerta de la sala volvió a abrirse (el droide de limpieza ya no estaba en el lugar) y entraron tres soldados riéndose escandalosamente de algo que venían comentando. León los saludó y siguió con la búsqueda de algo para leer que le distrajese al menos unos instantes.

Se decidió al fin por ojear las novedades más importantes acaecidas en la Confederación en el último día; un breve vistazo a las noticias le bastó para saber que no había sido redactado nada sobre el suceso del intento de sustracción de las unidades de almacenamiento, ni sobre el enfrentamiento de su anterior escuadrón con aquel carguero. ¿Y qué esperaba? La Confederación nunca lo aceptaría públicamente. Aquella lección táctica ya había sido suficientemente vergonzosa para la confederación como para que encima la sociedad entera se enterase.

Desconectó los cables del monitor y se sentó en uno de los módulos de descanso.

¿Cómo serían las cosas en territorio Corporativista?

Se lo había preguntado en muchas ocasiones. Se había imaginado cómo vivirían, cómo sería el día a día de un ciudadano convencional; cómo transcurriría la vida de un piloto corporativo o cómo estaría estratificada la escala social. ¿Disfrutarían de las mismas libertades que la sociedad confederada? Es más… ¿Tendrían compensadores neuronales?

En la Confederación los civiles tenían que utilizarlos bastante a menudo (una vez al día la clase media, creía recordar), pero en el ejército las cosas eran bien distintas: quince minutos una vez a la semana era suficiente. Pero… ¿Suficiente para qué? Para estabilizar a la sociedad a nivel neuronal, decía las ordenanzas confederadas; para asegurar la libertad, la igualdad de oportunidades y la objetividad individual y el librepensamiento que debían ser inherentes a toda sociedad.

En realidad nunca había pensado que fuesen un férreo control social, como algunos sectores afirmaban: tras quince minutos en el compensador se veían las cosas de distinta manera, con más tranquilidad y estabilidad emocional. Si cualquier tipo de dudas rondaban tu mente, los tanques de contención se encargaban de equilibrar químicamente tu organismo y asegurar una libre elección en el campo emotivo. Básicamente era como… como ver la situación desde la lejanía, y poder así comprobar todos los factores implicados; el contexto integral de cada situación.

Bueno, pensó León, lo cierto era que aquel sistema funcionaba correctamente y ayudaba a la población, y por lo tanto a la Confederación, y por lo tanto al equilibrio de todo lo conocido; posiblemente sin los compensadores neuronales en más de una ocasión los sentimientos habrían vencido a la razón y cierto tipo de situaciones habrían devenido en catástrofe, ya fuese a nivel individual, colectivo a pequeña escala, o incluso global.

Uno de los chivatos de su periférico avisó de la entrada de un mensaje, y decidió leerlo en la pantalla de comunicaciones; se levantó, conectó los cables y leyó el mensaje.


>05:35 – 13/09/3824. Monitor-comunicador Nº233 / Zona B6 – Complejo habitacional 32 – Sala 2Q.

>...

>Sede Principal de Defensa - Base secundaria de Kundo.

>Informe recibido y analizado. Preséntese de inmediato ante el Capitán Bronos en el hangar principal. Confirmada su presencia en grupo especial de asalto. Salida inmediata.

>Sede Principal de Defensa - Base secundaria de Kundo.


Así que le habían aceptado a pesar de su reacción en combate.

Seguía sin entender quien podría desear su presencia en un grupo como el que se estaba formando. ¿Quién confiaría en él? ¿Cómo sabrían si les obedecería si ni siquiera él mismo lo sabía? Por supuesto sus intenciones eran siempre las de reaccionar de inmediato ante cualquier orden en combate y siempre había sido así, pero desde lo sucedido con Jameson… sabía que no podía fiarse de sus propias reacciones.

De todas formas iría de inmediato; si habían decidido su participación en aquella empresa tendrían sus razones; era de suponer que decisiones como aquella estaban cuidadosamente estudiadas por los técnicos estrategas de la confederación. Desconectó su periférico de la datored y salió de la sala de descanso en dirección al hangar principal; no estaba demasiado lejos, pero a pie tardaría aproximadamente unos veinte minutos, por lo que decidió hacer uso de unos de los desplazadores unipersonales verticales que encontraría a la vuelta de la esquina del pasillo que recorría. Tardó tres minutos en llegar al hangar.

Conocía a la perfección el hangar principal de la Base Secundaria de Kundo (había estado allí en un mas de una ocasión), pero nunca podría dejar de maravillarse; cabían aproximadamente unos seiscientos cazas, repartidos en tantas otras plataformas de despegue situadas a distintos niveles de altura. El espacio a ras de suelo estaba casi completamente despejado, brillante y metálico, y era el lugar de trabajo de los operarios de mantenimiento y reparaciones. En aquel momento, la actividad del personal de apoyo del hangar era frenética; cuarenta de las seiscientas plataformas de salida estaban desplegadas y varios droides de carga estaban acoplando los tanques de depósitos de energía a diversos cazas, mientras algunos de los pilotos ascendían hasta sus naves por medio de los elevadores. ¿Ya preprados? ¿Es que ya habían recibido sus órdenes? León se apresuró, pero no sabía exactamente qué hacer o a dónde dirigirse; aquel no era el procedimiento habitual de organización de escuadrones.

-¡Eh! ¡Aquí! Eres el nuevo ¿No? – gritó alguien no muy lejos de su posición.

Al lado de la compuerta de entrada que había utilizado León para acceder al hangar alguien llamaba su atención. Vestía un traje como el suyo con un indicador en el pecho que marcaba A40, y estaba apoyado contra un enorme droide de carga en suspensión inactiva. Se separó del droide y se acercó a él esgrimiendo un caluroso saludo y una alegre sonrisa. Parecía un drémone simpático.

-Mi nombre es Desio Zandaar, y seré tu artillero en esta misión.

Le parecía increíble, pero no se había fijado en absoluto en qué tipo de cazas estaban en las plataformas desplegadas. Desvió su mirada hacia las naves y observó, ahora plenamente consciente de lo que veía, cuarenta cazas Tarklass-V10 bipersonales; una de las joyas que la confederación se encargaba de proporcionar sólo a aquellas operaciones que realmente lo mereciesen y necesitasen; una fusión casi perfecta de tecnología veridai y alquiliana. Así que por primera vez en su vida tendría un artillero…

-¿Es que los pilotos os habéis olvidado de cómo se saluda? – Las palabras del drémone lo trajeron de vuelta. - ¿O eres de esos que piensan que un artillero no es más que un enorme grano en el pulido y brillante culo de un conductor que se encarga de soltar la mierda?

“Conductores”; así era cómo los artilleros llamaban a los pilotos. Las palabras de Desio no parecían en absoluto ofensivas; más bien todo lo contrario: eran afectuosas y divertidas.

-Lo siento. Me llamo León Svarski – respondió saludando. -, y no estoy acostumbrado a este tipo de organización…

-No, no; ni tu ni nadie, porque esto no es lo normal. Venga, sígueme. – Dijo el drémone mientras comenzaba a dirigirse apresuradamente hacia una de las plataformas de despegue. – Has de saber que el Capitán Bronos no es, digamos, de corte habitual; yo he estado bajo sus órdenes sólo en dos ocasiones además de esta. Nadie lo ha visto nunca, que yo sepa; siempre está en el interior de su caza cuando llegan sus hombres y no tiene ningún escuadrón permanentemente a su cargo; únicamente lo llaman para misiones especiales de suma importancia como la que por supuesto vamos a realizar. Todo un misterio de humano.

Desio se detuvo frente a uno de los elevadores individuales que los llevaría hasta la plataforma de despegue; se subió e invitó a su nuevo piloto a subirse en el.

-Me temo que son elevadores unipersonales; dudo que estén preparados para soportar nuestro peso. Sube tu primero.

Por toda respuesta Desio lo agarró con fuerza de un brazo y tras apretar el botón de activación del pequeño elevador comenzó la vertiginosa ascensión.

-¿Acaso crees que la confederación permitirá que nos suceda algo en sus propios hangares? – Respondió Desio gritando mientras subían. León apenas prestó atención a las palabras del drémone, tan ocupado como estaba en sujetarse lo más fuerte posible a la pequeña barandilla; tenía medio cuerpo fuera de la estructura y allá arriba el ruido era bastante molesto. Los motores de casi todos los cuarenta cazas estaban ya activados.

En seguida llegaron a la plataforma y se bajaron de la estructura, el drémone cómodamente y León no tanto. ¿Pero qué se le había pasado por la cabeza a aquel inconsciente? ¡Podían haberse matado! León se arriesgó a echar un vistazo al nivel del suelo; como poco estaban a cien metros de altura.

Se volvió hacia el drémone con expresión furibunda y con ganas de dejar las cosas claras desde un principio; pero nada más mirar sus ojos y su sincera e inocente sonrisa se dio cuenta de que nunca le habría dejado caer. Algunas personas provocaban ese tipo de reacciones y, curiosamente, casi siempre se trataba de aquellos que utilizaban con menor frecuencia los compensadores neuronales. Lo mínimo marcado por la Confederación, al menos, puesto que aquellas inmersiones eran imperativos confederados.

-Ni por un momento pensaste que podrías resultar herido ¿No? - Desio se acercó al abismo que les separaba del suelo. – Mira hacia abajo: ¿Ves los pequeños droides anaranjados? ¿A que nunca antes te habías preguntado cual era su función? Salvamento y rescate. Antes de que hubieses recorrido la mitad de la caída ya habrían desplegado toda una red sintética de seguridad para salvaguardar la vida de un piloto de rango seis.

-¿Cómo? – La expresión de León tornó a profunda consternación. – Es imposible… soy piloto de rango dos.

-¡No si estás con el Capitán Bronos! ¡Venga, sube! La mitad de nuestros compañeros ya han despegado.

León se apresuró a acceder a la pequeña cabina de control mientras Desio se introducía en el lugar destinado al artillero. En pocos segundos eran el último de los cuarenta cazas que salían del hangar principal de la base secundaria de Kundo.

-Imagino que me pondrás al día… - preguntó León. – No tengo ni la más remota idea de qué es lo que vamos a hacer ni de cómo se supone que vamos a hacerlo.

-¡Descuida! - La voz del drémone sonaba algo metálica a través de os comunicadores privados del Tarklass. - Quédate en el último lugar de la formación y actúa... o improvisa cuando lo creas necesario. Mientras te iré explicando cómo actúa el Capitán Bronos. ¡Ese carguero modificado está condenado al olvido eterno!

martes, 12 de agosto de 2008

Capítulo 22


-Adhuc sub judice lis est-
(La cuestión no está resuelta todavía)
(Tercera parte)


Poco a poco sentía cómo iba recuperando las fuerzas, pero notaba todavía sus miembros un poco adormecidos y sus recuerdos algo nublados; imaginaba que recuperarse sería sólo cuestión de tiempo, pero al menos tenía presente el haber logrado escuchar algo de lo que sucedía a su alrededor mientras lo trasladaban desde la Sede Médica; recordaba parte del viaje en el deslizador militar y algunas palabras sueltas de Masato a las que de momento no encontraba sentido.
Decidió abrir los ojos muy poco a poco. La luz del angosto lugar en el que se encontraba iluminaba de manera muy tenue las formas que vagamente podía llegar a percibir; demasiado oscuro, llegó a pensar.
Estaba en un cubículo de descanso del personal militar, eso seguro, aunque poca información a mayores sacaría de momento: todos los habitáculos destinados a soldados, técnicos o pilotos eran prácticamente iguales, por lo que no podía saber a ciencia cierta de que base militar se trataba.
Aquellos habitáculos eran espacios de aproximadamente tres por tres metros y tres de alto, y constaban de un camastro de metal altamente maleable, una taquilla, una mesa, una silla, un pequeño espejo y un monitor-comunicador. Poco más. En aquel momento únicamente estaban desplegadas la cama y la taquilla, y el resto del espacio estaba por completo libre de trabas, excepto por un frágil droide.
-Dime cual es tu función. Dijo León incorporándose un poco sobre el catre; las palabras salieron con dificultad de su boca.
El droide estaba inmóvil en una de las esquinas libres de la habitación, en el lado más alejado de la puerta de acceso. De forma antropomórfica y textura algo rugosa, debía tratarse de una de las unidades de control médico del recinto, posiblemente. León intentó fijarse en las iniciales grabadas en el tórax metálico: U23cm-BMSKu. En efecto un droide de apoyo médico. Ahora sabía además que se encontraba en la Base Militar Secundaria de Kundo.
En aquel instante el pequeño chivato rojo situado en la frente del droide cambió a verde; estaba reactivándose después de la recarga en suspensión activa. Al cabo de un par de segundos respondió con voz metálica.
-Registrar periódicamente sus constantes vitales y Comunicar cualquier cambio en su estado al agente Tundaro.
-Pues ya estás tardando.
Dijo León recostándose de nuevo en el no demasiado cómodo camastro Dile que venga si quiere hablar conmigo. Todavía estoy demasiado cansado como para desplazarme.
Mientras el droide salía de la habitación, León pensó que sería buena idea cerrar un poco los ojos; nada de dormir, simplemente descansar algo, antes de que llegase Masato al habitáculo.
¿Qué había pasado? Apenas podía recordar la sucesión de acontecimientos en el orden correcto: Recordaba volar al lado de Jameson y Sánchez, regresando a la base más cercana después de la horrible masacre que había sufrido el escuadrón del Capitán Zagarts. Si; también recordaba un carguero modificado. Y después… varios cazas que nunca antes había visto. Sus compañeros caídos… y luego su fútil intento de…
La puerta se deslizó; por el umbral apareció Masato seguido por el droide médico; las luces despidieron entonces más intensidad y el habitáculo se iluminó por completo mientras lentamente se desplegaba la silla de la pared. Masato se sentó en ella y el droide volvió a la esquina en la que había estado antes de su reactivación.
-Por fin despierto. ¿Qué tal te encuentras, León?Masato se inclinaba hacia delante, apoyando las manos sobre las rodillas; una expresión de tristeza envolvía su mirada. - ¿Quieres comer o beber algo? No te vendría nada mal.
León volvió a incorporarse un poco, dejando descansar su espalda contra la pared. Moverse tanto le costó más de lo que había supuesto en un principio, y una pequeña gota de sudor le recorrió la frente.
-Estoy bien, gracias. Titubeó. - Sólo quiero saber qué ha pasado desde…
-Desde que el sesenta y cuatro Escuadrón de Defensa de Perímetro del Capitán Luvo Zagarts llegó hasta el carguero modificado Ghurag. - Masato no se había equivocado: estaba seguro de que León daría lo que fuese por saber cual había sido el desarrollo de los acontecimientos, pero para eso tendría ayudarle a recordar.
-Veamos por donde empiezo… - Masato pensó en alto.Debería decirte en principio que lo que suponíamos una infiltración y posterior robo de cincuenta y cinco unidades de almacenamiento de energía que estaban en Groshna, resultó ser en realidad un intento de sustraer los resultados de ciertas investigaciones sobre energía y conducción de la misma…
-¿Por eso el cambio de órdenes? Interrumpió León.De tener que capturarlos y escoltarlos pasamos a recibir instrucciones precisas de eliminarlos; ahora lo recuerdo… ¿Tan importantes son esos resultados?
-Digamos que si; por supuesto son importantes, pero no lograron llevárselos. No era por eso por lo que ordenamos la destrucción de los intrusos. Se trata de un grupo de mercenarios que habitualmente trabajan para algunas secciones de la Corporación y que llevamos años siguiendo e intentando capturar. Sospechamos que el grupo ha crecido, pero los miembros que conocemos ya son lo suficientemente peligrosos por si solos como para que la Confederación intente destruirlos.
León intentó hacer memoria; las nuevas órdenes había sido explícitas al respecto: destruir el carguero. Pero aquella nave tan modificada pudo enfrentarse y derrotar con facilidad al escuadrón al que pertenecía.
-El capitán dividió el escuadrón en dos grupos…
-Si. Eso también lo sabemos. Todavía no se habían interrumpido las comunicaciones con el escuadrón. Interrumpió Masato.Fue poco después. Primero llegó vuestro grupo con el capitán al mando. Sólo pudimos escuchar algunos segundos del combate. ¿Recuerdas qué pasó después?La voz de masato era apremiante, y León se vio instado a responder de inmediato; pero ¿Cómo hacerlo si sus recuerdos eran una amalgama de niebla y sentimientos de miedo y furia?
-Masato… - Empezó a decir.no lo recuerdo bien, pero… lo que si recuerdo es que nos masacraron con una facilidad pasmosa. Cualquier táctica desplegada por el capitán era contrarrestada al instante por el carguero. Aún así su expresión de preocupación se acentuó -, creo que Voltar, Jameson y Sánchez lograron destruir dos de los codificadores de ruta del carguero, y algunos otros anularon la funcionalidad del tercero.
-Esa es una muy buena noticia. Sin los codificadores no podrán buscar una ruta de desplazamiento de larga distancia… Claro. - Dudó por un momento - Por eso no han utilizado los portales de desplazamiento todavía… - Masato comenzó a introducir una serie de órdenes en su periférico mientras continuaba hablando con Svarski. Mira León; intenta recordar lo que pasó, y si recuerdas algo importante me lo comunicas. De todas formas has de redactar y enviar un informe a la Sección de Almacenamiento de Datos con destino al Servicio de Inteligencia. Por el momento has de saber que todavía los tenemos localizados. Hemos formado un grupo especial de asalto para interceptarlos y destruirlos y me gustaría que integrases el grupo.
-¿Yo? Pero… - La expresión de sorpresa de león debió resultar divertida, porque Masato mostró una pequeña sonrisa.
-Si; tu. Eres un buen piloto y ya te has enfrentado a ellos en el aire.Comenzó a dirigirse hacia la puerta del cubículo pero se detuvo al apretar el conmutador de apertura. Además. Casi lo consigues; lo cual es mucho más de lo que pueden decir la mayoría de los pilotos.
-¿Conseguir? ¿Qué he conseguido?
-He dicho "casi"; la verdad es que te faltó poco; muy poco. La mirada de León mostraba una tremenda confusión y Masato comprendió que debía explicárselo. Giró sobre sus talones y se situó a los pies del camastro.- ¿No sabes a qué me refiero? Te estoy hablando de la maniobra evasiva doscientos treinta y siete. La que vosotros los pilotos llamáis "Eva".
León comenzó a recordar entonces la calma y la tranquilidad que le embargaron en aquellos (creía por entonces) finales instantes de su vida; recordó también haber sonreído… y haber intentado la maniobra ante aquellos cazas que suponía kristallianos. Lamentablemente también comenzaba a recordar el fracaso: en el sexto movimiento de su caza una lluvia de descargas acabaron con la maniobra. Pero entonces…
León levantó cautelosamente la mirada hasta coincidir con la de Masato. Si no había logrado evitar a los cazas enemigos… ¿Qué hacía todavía con vida? ¿Qué importante parte de la situación no recordaba? La ráfaga que le había alcanzado no había sido lo suficientemente eficaz como para destruir su nave, pero en el siguiente ataque el caza quedaría sin duda prácticamente volatilizado, reducido a cenizas; León no habría podido escapar solo con vida.
-Masato… ¿Entonces quién… - La cabeza empezó a dolerle.
-Encontramos el caza de Gyo completamente destrozado a unos cuantos kilómetros del lugar en el que fuiste rescatado. Gracias a él logramos recibir comunicaciones de la situación desde que conectó con nosotros hasta que llegó a tu altura: Te avistó y se puso en contacto con la base más cercana; así supimos de tu maniobra, y después… la señal se desvaneció, sin más, como ya había pasado antes. Varios especialistas técnicos están trabajando sobre la idea de un anulador por proximidad que provocaría tales fallos. Sólo podemos suponer que fue él quien te ayudó. El ánimo de Masato pareció desaparecer por completo.
-¡Eso es imposible!... Gyokudo había caído en combate contra el carguero…
-En absoluto; su nave fue gravemente dañada; prácticamente inutilizada para una situación de combate directo, pero en modo alguno destruida. Recuperamos el contacto con su caza cuando se retiraba tras el enfrentamiento con el carguero, y se dirigía a escasa velocidad hacia la base de Tando en el instante en el que nos informó de la posición de los cazas de Jameson, Sánchez y Svarski. Lo último de lo que nos informó fue la pérdida de Jameson y Sánchez y de tu intento de Eva. Había logrado derribar dos cazas enemigos cuando, como ya te dije, volvimos a perder contacto con su nave.
-Gyokudo… ¿Está…
Masato desvió su mirada hacia una de las paredes del cubículo, pero cualquiera que estuviese presente habría adivinado que sus ojos no miraban la pared metálica; su mente estaba sin duda ocupada en algún mundo de recuerdos. Dio un par de pasos por el habitáculo; se paró y volvió hasta el camastro.
-Eres el único superviviente; te lo he dicho antes.
-Masato… Yo… - León apenas pudo reprimir un leve temblor en su voz.Lo siento…
-No te preocupes, León. Estoy plenamente convencido de que habrías hecho lo mismo que mi hermano hizo por ti. Masato se acercó a la puerta, se detuvo y giró levemente la cabeza en dirección al piloto. - ¿Irás con el grupo de asalto?
León Svarski nisiquiera se lo pensó.
-Por… por supuesto, Masato. Iré.